domingo, 6 de diciembre de 2015

Bob Dylan



Por Daniel R. Caruncho.

¿Qué decir de Bob Dylan? Pues que es, junto con los Beatles, la figura que revolucionó la música popular de la década de los sesenta. Dylan ha sido sin duda uno de los músicos más influyentes del siglo XX, y muchos de sus discos merecen estar en la estantería de cualquier buen aficionado a la música que se precie.

Su vida, tanto en el plano personal como en el profesional, da para páginas y páginas, pero aquí intentaremos quedarnos con lo más esencial, obviando alguno de sus trabajos y centrándonos sobre todo en su trayectoria sesentera.
Robert Allen Zimmerman (nombre real de Bob Dylan) nació en el seno de una familía judía el 24 de mayo de 1941 en Duluth (Minnesota). A los doce años Robert comenzó a sentir el gusanillo de la música, con lo que aprende a tocar la guitarra y la harmónica. En el instituto formaría una banda de rock'n'roll llamada The Golden Chords (los Acordes Dorados). En el 59 el joven Bob entró en la Universidad de Minnesota en Minneapolis para estudiar Arte. Allí descubrió el folk, con lo que empezó a ir por los bares, guitarra en ristre, bajo el pseudónimo de Bob Dylan (en honor al poeta Dylan Thomas), intentando emular a gente como Hank Williams, Peter Seeger y -sobre todo- Woody Guthrie.

En la Universidad también descubrió el blues, y en verano del 60 conoció al bluesman Jesse Fuller, que le serviría como fuente de inspiración. Cuando volvió a Minneapolis ese mismo año, Dylan ya tenía pensado convertirse en un músico profesional.


En enero de 1961, Bob se traslada a Nueva York, y comienza a visitar regularmente a su ídolo, el ya agonizante Woodie Guthrie. Además comienza a hacerse un hueco en la comunidad folkie del Greenwich Village tocando de garito en garito, llegando a ser telonero del grandísimo John Lee Hooker. En 1961, John Hammond - de la Columbia - se empieza a interesar por el joven Dylan, al que acabaría ofreciendo un contrato para fichar por la discográfica americana. El mismo Hammond sería el encargado de producir el primer LP del genio de Minnesota.

Titulado simplemente Bob Dylan, salió al mercado en marzo del 62, y vendería la discretísima cifra de 5.000 copias. La verdad es que se trataba de un álbum bastante mediocre, compuesto mayoritariamente por estándares del folk y del blues (incluía una versión del "House Of The Rising Sun", canción que llevaría a la fama a los Animals) y tan sólo dos composiciones originales.

Pero Dylan se puso las pilas, y a lo largo de ese año se puso a componer un buen puñado de canciones, muchas con connotaciones políticas y de protesta. Así, Dylan ya tenía material suficiente para su segundo Lp: el comprometido The Freewheelin', que contenía joyas como "Blowin' In The Wind", "Masters Of War" o "A Hard Rain's A-Gonna Fall". Albert Grossman (el mánager de Dylan) provocó el retraso del disco al obligar al joven músico a prescindir de cualquier banda de acompañamiento (varias canciones ya habían sido grabadas y tuvieron que ser desechadas). Así, Grossman intentaba presentar a Bob como un auténtico folky, que sólo necesitaba una guitarra y una armónica, siguiendo la tradición de Seeger y compañía. El Lp fue un éxito en los sectores folkies, y el trío Peter, Paul & Mary contribuyeron en gran medida a popularizar la figura del cantautor norteamericano al hacer una versión de "Blowin' in the Wind" que llegaría en verano del 63 al número uno de las listas. Por esa época, Bob empezó también su relación (que acabaría al año siguiente) con Joan Baez, otra de las figuras del folk más destacadas de la época.


A principios del 64 aparecía un nuevo Lp cargado de grandes dosis de poesía: The Times They Are A-Changin', mostraba a un Dylan cada vez más maduro y poético, muy crítico con el sistema. Another Side of Bob Dylan (1964) seguiría un poco la línea marcada por el Lp anterior, si bien ya se abandonaban las protestas políticas. La introducción de elementos como el piano en algunas canciones eran también la premonición de que, en efecto, los tiempos estaban cambiando. Dylan había empezado a entrar en contacto con los grupos de la British Invasion, y sabía que el siguiente paso era abandonar la pureza acústica del folk y adentrarse en el terreno de la electrificación. Viendo los resultados obtenidos por los Byrds en su versión eléctrica de "Mr. Tambourine Man" la cosa estaba ya más que clara.

El brillante Bringing It All Back Home (marzo de 1965) ya mostraba en una de las caras el nuevo estilo de Dylan, pero no sería hasta pocos meses después, en el Newport Folk Festival, cuando se vería claramente que Dylan abandonaba definitivamente el folk tradicional. Apoyado por la Paul Butterfield Blues Band, Dylan fue abucheado por los más puristas, incapaces de comprender porqué se traicionaba de tal manera al folk. Sin embargo, el resto del mundo estaba abierto a este nuevo Dylan, que en la primavera del 65 grabaría el documental Don't Look Back, que recogía su gira por Gran Bretaña.

En verano del 65 llegaría otro bombazo: la sensacional "Like a Rolling Stone", llegaba al número dos de las listas. Con una duración de seis minutos y una letra 100% dylaniana, se confirmaba el impecable genio de un Dylan que había sido capaz de aunar lo mejor del folk con lo mejor del rock. Su influencia era evidente en gente como los Beatles ("You've Got To Hide Your Love Away") o los Stones ("Get Off Of My Cloud"). Un dato ilustra perfectamente la fuerza de la figura de Dylan: hasta 100 artistas publicaron versiones de sus canciones entre 1964 y 1966.



En verano del 65 la CBS publicaba la que podemos considerar primera obra cumbre de Dylan: Highway 61 Revisited, su primer LP 100% electrificado. Pero a Dylan aún le sobraba talento, y en mayo del 66 publicaba el doble álbum Blonde on Blonde, una exquisita amalgama de folk, blues, jazz y R'n'B que es la joya de la corona de la discografía dylaniana. Cada una de las 14 canciones que componen el álbum es un pequeño tesoro: "Rainy Day Women", "Just Like A Woman", "Absolutely Sweet Marie", etc.

Pero la escena más purista seguía cerrando los ojos, y durante la gira por Gran Bretaña en 1966 (primera vez que Dylan cruzaba el Atlántico acompañado de una banda electrificada) recibió una gélida acogida (llegó a ser tildado de Judas durante un concierto en el Royal Albert Hall).

El 29 de julio del 66 la desgracia se cernía sobre el músico de Minnesota: con su flamante Triumph, Dylan se pegaba el castañazo padre cerca de su casa, en Woodstock (Nueva York), y acababa en el hospital, donde estuvo en condición crítica durante una semana. Dylan salió muy tocado del accidente, encerrándose en su casa y sin dar señales de actividad musical. Finalmente, después de unos meses, se encerró con The Band (su backing band habitual) para grabar un buen puñado de canciones. El material (conocido como las sesiones de Big Pink) mostraba un cierto cambio en Dylan, que abandonaba el rock'n'roll más tradicional para centrarse más en el folk, el country y el blues. Estas grabaciones no verían la luz hasta 1975, en el doble LP The Basement Tapes, después de que circularan numerosas ediciones piratas.

La vuelta a los ruedos de Dylan se produjo en diciembre de 1967, con la publicación de John Wesley Harding, un LP con muchas influencias country y que llegaría a lo más alto de las listas británicas y americanas. Dylan siguió erre que erre con el country, y en el 69 publicaba Nashville Skyline, grabado (evidentemente) en Nashville, con algunos de los músicos de sesión más reputados de la zona.


Dylan estaba en decadencia, y el doble album Self Portrait (junio del 70) lo confirmaba. Sin embargo, New Morning permitió a Dylan quitarse la espina de las malas críticas recibidas en el disco anterior. En noviembre del 70 publicaba su libro Tarantula, y en noviembre de ese mismo año acudía a la llamada de George Harrison para tocar en el concierto benéfico por Bangladesh.

En 1973 se reactivó la carrera musical del músico norteamericano, que publica Pat Garrett and Billy the Kid (banda sonora de la película del mismo nombre en la que él aparecía y que incluye el hit "Knockin' on Heaven's Door"). El contrato de Bob con la Columbia expira, con lo que ficha por Asylum Records, donde publica Planet Waves (1974). La gira de promoción del disco, con The Band, se convirtió en la más exitosa de la historia de la música popular, y sería recogida en el doble álbum Before the Flood. Después de unos cuantos años de mediocridad, parecía que volvía el mejor Dylan, algo que se confirmaría al año siguiente, cuando (de nuevo en la Columbia) aparecía el LP Blood on the Tracks, una obra del calibre de Blonde On Blonde o Highway 61 Revisited. Muy marcado por el fracaso de su matrimonio, Blood On The Tracks (con clásicos como "Tangled Up In Blue" o "If You See Her, Say Hello") es una vuelta a los orígenes aclamado por la crítica.

La recuperación del genio de Dylan también se plasmó en la creación del macro-proyecto The Rolling Thunder Revue, en la que participaban músicos del calibre de Jon Mitchell o la mísmisima Joan Baez. La superbanda inició una gira, mientras que en el mercado aparecía Desire, con bastante éxito de crítica y público. Al acabarse la gira, Dylan explotó el filón publicando el LP en directo Hard Rain y una película-documental de cuatro horas (Renaldo and Clara).



A principios del 78 Dylan se acompañó de una nueva banda para un nuevo álbum (Street Legal, 1978) y una nueva gira (aprovechada para grabar el directo At Budokan), a finales de la cual nuestro amigo Bob se convirtió al cristianismo. Después de unos cuantos trabajos más o menos pasables centrados en su nueva religión (Slow Train Coming, Saved y Shot of Love) viajaría a Israel (1982), fomentando así los rumores de que su experiencia cristiana había tocado fin, pero Infidels (1983) pondría fin a dichas especulaciones.

Los siguientes trabajos se moverían en la mediocridad (Empire Burlesque, Knocked Out Loaded, Down in the Groove), quedando a años luz de Blood On the Tracks, la última gran obra de este superdotado para la música. Oh Mercy (1989) rompió un poco esta mala racha, cosechando unas críticas muy favorables, si bien Under the Red Sky (1990) fue un nuevo bache para Dylan, que se había embarcado en el Never-ending Tour (que duraría casi diez años).

En los 90, un par de discos centrados en el folk más tradicional (Good As I Been to You y World Gone Wrong, en el 92 y 93 respectivamente) precedieron a Time Out of Mind (1997), un LP que revitalizó de nuevo la carrera de Dylan, que recibiría un nuevo empuje en el 2001 con el (hasta ahora) último álbum, el excelente Love And Theft.

Como hemos podido comprobar, pocos músicos han tenido una trayectoria tan fructífera y creativa, y aún más pocos han aportado tanto a la música del siglo XX. Sobran las palabras ante tal monstruo de la creatividad, así que, ¿para qué seguir escribiendo?.

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